lunes, 17 de octubre de 2011

El árbol y el cielo, Tomas Transtromer


Los poemas del ganador del Nobel Tomas Tranströmer

El árbol y el cielo


Hay un árbol que camina por la lluvia
nos rebasa de prisa en el gris torrencial.

Tiene una misión. Recoge la vida
de la lluvia como un mirlo en un huerto.

Cuando cesa la lluvia el árbol se detiene.

Ahí está, quieto en las noches claras
como nosotros esperando el momento
de los copos de nieve floreciendo en el espacio.
 
Tomas Transtormer, poeta nacido en Estocolmo (1931), Premio Nobel 2011. El poema ha sido publicado en El Dominical, suplemento El Comercio (Lima 16 de octubre 2011)
 
Foto tomada de:
http://174.132.16.98/1v4_contenido.php?id=223263&sts=1

domingo, 25 de septiembre de 2011

Tres poemas de Hildebrando Pérez Grande (Quipus, Gallo ciego y La sagrada familia)







Quipus

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Ocultos por el tiempo y la maleza, indicios vagos
de otra Edad se enredan con placer en nuestras manos.
Quien lee una inscripción en el pecho de un relámpago
montaraz o avive la memoria como un viejo navío
de totora que navega en el espejo de la tarde, descubre
que el pasado es cosa seria, manantial que aún perdura,
cruz de camino, olas de un por venir esplendoroso, nuestro.
Y la textura de cada nudo inmemorial es una luciérnaga
que oscurece, iluminando, nuestro más íntimo juramento:
opaco lapislázuli, promesa no cumplida, vaso de maíz
fermentado (como el pasado), velamen hinchado hasta
el cogote, agárrennos si pueden, semilla que otoñará
cuando dejemos de existir (como el presente).






Gallo ciego

Un gallo ciego canta
En la terraza de la noche.
Y su esforzado arte
No se pierde en el olvido.
Igual a ti, confunde
El olor de la madrugada
Con el triste respirar de la magnolia.
¿Y entonces, dónde está la Poesía ?

Un gallo ciego ilumina la noche
con el cuchillo limpio de su canto.


La escritura sagrada

Tú no eres más que un racimo de valses
Maravillosamente mundanos. Punto
Y raya. Un relámpago harapiento
De ademanes y remolinos y nomeolvides.
Siempre reverberas sobre la página en blanco
De tus amores perdidos como una lluvia
Inquietante de puñales peregrinos.

Yo no quiero la piel de tu escritura alabada
Por lechuzas incautas: no me atrae
Ni tu fama ni tus premios ni tu nada.

Yo quiero tu palabra. No te muerdas
La lengua. Inventa primaveras. Abre
Tus labios sagrados como si fuese un deseo
Impostergable. No te quedes sin municiones:
Da curso a la lengua de tus antepasados,
Al fuego de tus apetitos elementales.

Pide la palabra: es tu espejo. Tu aguardiente.
El barro triste de un corazón desangelado.
No silencio.
Viento entero.
No mudez.
Soplo eterno.











Pérez Grande, Hildebrando. Aguardiente, forever. Lima: Hipocampo Editores, 2007 (Colección Katatay) ISBN: 978-9972-2915-5-5

domingo, 28 de agosto de 2011

Carlos Germán Belli, Sextina del Uroboros



Sextina del Uroboros

(Los versos que giran entre sí
y la sierpe mordiéndose la cola)

Esta sextina es como aquella sierpe
que se muerde la cola con su boca,
y así una y otra la circular vida
destacan a través de tantos siglos,
como que boca y cola son mil voces,
constituyendo el soberano uno.

Dos rotaciones encarnando el uno,
engulléndose en sí el verso y la sierpe,
erre con erre las postreras voces,
igual que del ofidio cola y boca.
emblema del empalme de los siglos,
o quintaesencia de la pura vida.

Que una y otra retratan esta vida,
desde el inerme cero al voraz uno,
por entre la cascada de los siglos,
y el tiempo se doblega ante la sierpe
e impertérrita emite la gran boca
las humanas y reiterada voces.

Y el orbe coronado por las voces,
y no muerte mas sí redonda vida,
cuando justo la cola entra en la boca,
tal si las cosas se unen y son uno,
que lo piensa la mente de la sierpe,
e igual Arnaut Daniel hace ya siglos.

En la cola engullida cada siglo
y en la ronda infinita de las voces,
así la estrofa sexta, así la sierpe,
y en ambas palpitando cuánta vida,
hasta ser todo finalmente uno,
en cada caso gracias a la boca.

He aquí la cola unida con la boca,
tal la continuidad del raudo siglo,
que todo es inexcusablemente uno:
la rueda del ofidio y de las voces,
que al repetirse avivan más la vida,
tal como cuando engúllese la sierpe.

¡Ea perenne sierpe!, ¡oh sumas voces!,
todo en la vida es únicamente uno,
y bocaza lo canta siglo a siglo.



Tomado de Doce Sextinas Peruanas (Lima: Academia Peruana de la Lengua, Paracaida editores, 2011)


Caricatura de Juan Carlos Suñén.

domingo, 27 de febrero de 2011

Ángel Gavidia: Tres poemas



La casa derruída
COMO una herida
vive a la orilla del río
la casa derruída.

¿Qué de mí encuentro en ella?

Será lo que aún queda
o lo que ya se fue...
(La soledad y otros paisajes)



En la posada donde, cuentan, pernoctó el viejo Darwin

FUE menester que el duro corazón
larga y pacientemente se escarbara
hasta hallar como el canto
o como el agua
la ternura brotando de la especie.
(Un gallinazo volando en la penumbra)




Poema encontrado en un viejo estante junto a un libro de Eguren

La niña trenza sus trenzas
en el chorro de la aldea.

El chorro husmea a la niña
como zorrito con hambre.

Los duendes
-que el chorro habitan-
se zambullen en el agua
como piojos de colores
en la pelambre del zorro.

Trenza sus trenzas la niña
en el chorro de la aldea
el zorro la está lamiendo
como zorrito con hambre.

(Fuera de valija)


Ángel Gavidia, nació en Mollebamba (La Libertad, Perú) es uno de los más finos poetas peruanos, un verdadero hacerdor de metáforas. Su poesía se caracteriza por la concentración y la elección precisa de la palabra que hacen del acto poético un momento insospechado para el/la lector/a. Ha publicado La soledad y otros paisajes (1987),Un gallinazo volando en la penumbra (1996) y Fuera de valija (2008).
Foto: Ángel Gavidia, en Mixturas (Trujillo).

domingo, 6 de febrero de 2011

Antonio Escobar, "Mi amada la sardina"

estoy
aseando
con el viento
junto al mar

estoy
esperando
a mi amada
La Sardina

vislumbro
su imagen
por entre
la niebla

de coche
de caracoles
desciende
mi bienamada

y sus primos
los cangrejos
juegan con olas
y esperan

llega hacia mi
seductora
cubierta
de algas marinas

me embriaga
de ternura
con su aliento
de neblina

y me acaricia
el oído
con fina voz
de garúa

es mi Amada
la Sardina
que ama
como las mujeres

y de su salina
boca
me regala
besos de oro

adiós
amada Sardina
sólo recuerdo
tus besos

y sólo escucho
el eco
de tu voz
como garúa

aquí en la playa
te espero
vuelve otra vez
mi lucero


Antonio Escobar Mendívez (Boca de Río, Trujillo, Perú, 1944). Ha publicado La miseria y el hambre (1970), Memoria de los días (1975), Remanso de amor (1992), Poemas para todos los días. Recitemos juntos (2007) entre otros libros. Es el principal animador de la revista Runakay en el norte del Perú.

domingo, 30 de enero de 2011

Dina Sánchez Baca, “Y en Moche aún estaban las puertas abiertas”

Y en Moche aún estaban
las puertas abiertas.
Y llegaba el río
cargado en sus aguas,
y llegaba el verde
en todos sus verdes
y llegaba el viento cantando esperanzas.

Y las tardes blancas
de blancos espejos
iban deslizándose en pausas muy largas.

Y la vieja Iglesia
guardaba en su seno a la Santa Lucía.

Qué Moche más blando.
Qué blando silencio.
Qué leche más blanca.
Qué lento el pollino
envuelto en un dulce tin tin de cantinas.

Y en Moche aún estaban
las puertas abiertas.

Ay, Santa Lucía,
Mochera de estrellas.
Ay, Santa Lucía, Patrona
de los pies descalzos,
bendice las huacas del Sol y la Luna
y siega la ronda
de pasos gentiles.
Conduce hasta el surco sagrado del tiempo
la mano labriega
y al son de campanas
bendice tu tierra
porque hasta hoy en día
en Moche se encuentran las puertas abiertas.

Dina Sánchez Baca (Trujillo, 1947). Ha publicado Canción del Azahar y otros poemas (1999).