domingo, 27 de febrero de 2011

Ángel Gavidia: Tres poemas



La casa derruída
COMO una herida
vive a la orilla del río
la casa derruída.

¿Qué de mí encuentro en ella?

Será lo que aún queda
o lo que ya se fue...
(La soledad y otros paisajes)



En la posada donde, cuentan, pernoctó el viejo Darwin

FUE menester que el duro corazón
larga y pacientemente se escarbara
hasta hallar como el canto
o como el agua
la ternura brotando de la especie.
(Un gallinazo volando en la penumbra)




Poema encontrado en un viejo estante junto a un libro de Eguren

La niña trenza sus trenzas
en el chorro de la aldea.

El chorro husmea a la niña
como zorrito con hambre.

Los duendes
-que el chorro habitan-
se zambullen en el agua
como piojos de colores
en la pelambre del zorro.

Trenza sus trenzas la niña
en el chorro de la aldea
el zorro la está lamiendo
como zorrito con hambre.

(Fuera de valija)


Ángel Gavidia, nació en Mollebamba (La Libertad, Perú) es uno de los más finos poetas peruanos, un verdadero hacerdor de metáforas. Su poesía se caracteriza por la concentración y la elección precisa de la palabra que hacen del acto poético un momento insospechado para el/la lector/a. Ha publicado La soledad y otros paisajes (1987),Un gallinazo volando en la penumbra (1996) y Fuera de valija (2008).
Foto: Ángel Gavidia, en Mixturas (Trujillo).

domingo, 6 de febrero de 2011

Antonio Escobar, "Mi amada la sardina"

estoy
aseando
con el viento
junto al mar

estoy
esperando
a mi amada
La Sardina

vislumbro
su imagen
por entre
la niebla

de coche
de caracoles
desciende
mi bienamada

y sus primos
los cangrejos
juegan con olas
y esperan

llega hacia mi
seductora
cubierta
de algas marinas

me embriaga
de ternura
con su aliento
de neblina

y me acaricia
el oído
con fina voz
de garúa

es mi Amada
la Sardina
que ama
como las mujeres

y de su salina
boca
me regala
besos de oro

adiós
amada Sardina
sólo recuerdo
tus besos

y sólo escucho
el eco
de tu voz
como garúa

aquí en la playa
te espero
vuelve otra vez
mi lucero


Antonio Escobar Mendívez (Boca de Río, Trujillo, Perú, 1944). Ha publicado La miseria y el hambre (1970), Memoria de los días (1975), Remanso de amor (1992), Poemas para todos los días. Recitemos juntos (2007) entre otros libros. Es el principal animador de la revista Runakay en el norte del Perú.

domingo, 30 de enero de 2011

Dina Sánchez Baca, “Y en Moche aún estaban las puertas abiertas”

Y en Moche aún estaban
las puertas abiertas.
Y llegaba el río
cargado en sus aguas,
y llegaba el verde
en todos sus verdes
y llegaba el viento cantando esperanzas.

Y las tardes blancas
de blancos espejos
iban deslizándose en pausas muy largas.

Y la vieja Iglesia
guardaba en su seno a la Santa Lucía.

Qué Moche más blando.
Qué blando silencio.
Qué leche más blanca.
Qué lento el pollino
envuelto en un dulce tin tin de cantinas.

Y en Moche aún estaban
las puertas abiertas.

Ay, Santa Lucía,
Mochera de estrellas.
Ay, Santa Lucía, Patrona
de los pies descalzos,
bendice las huacas del Sol y la Luna
y siega la ronda
de pasos gentiles.
Conduce hasta el surco sagrado del tiempo
la mano labriega
y al son de campanas
bendice tu tierra
porque hasta hoy en día
en Moche se encuentran las puertas abiertas.

Dina Sánchez Baca (Trujillo, 1947). Ha publicado Canción del Azahar y otros poemas (1999).

viernes, 17 de septiembre de 2010

Blanca Varela/ Auvers-Sur-Oise





Auvers-Sur-Oise


Nadie te va a abrir la puerta.

Sigue golpeando.Insiste.

Al otro lado se oye música. No. Es la campanilla del teléfono.

Te equivocas.

Es un ruido de máquinas, un jadeo eléctrico, chirridos, latigazos.

No. Es música.

No. Alguien llora muy despacio.

No. Es un alarido agudo, una enorme, altísima lengua que lame el cielo pálido y vacío.

No. Es un incendio.
Todas las riquezas, todas las miserias, todos los hombres, todas

las cosas desaparecen en esa melodía ardiente.

Tú estás solo, al otro lado.

No te quieren dejar entrar.

Busca, rebusca, trepa, chilla. Es inútil.

Sé el gusanito transparente, enroscado, insignificante.

Con tus ojillos mortales dale la vuelta a la manzana, mide con tu

vientre turbio y caliente su inexpugnable redondez.

Tú, gusanito, gusaboca, gusaoído, dueño de la muerte y de la

vida. No puedes entrar. Dicen.


(Valses y otras falsas confesiones, 1972)

Audio: Cortesía Palabra Virtual:

-http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_voz1.php&wid=2047&p=Blanca Varela&t=Auvers-sur-Oise&o=Blanca Varela

jueves, 15 de abril de 2010

Carlos Oquendo de Amat, poema al lado del sueño


p o e m a a l l a d o d e l s u e ñ o



Parque salido de un sabor admirable

Cantos colgados expresamente de un árbol

Árboles plantados en los lagos cuyo fruto es una estrella

Lagos de tela restaurada que se abren como sombrillas

Tú estás aquí como la brisa o como un pájaro

En tu sueño pastan elefantes con ojos de flor

Y un ángel rodará los ríos como aros

Eres casi de verdad

pues para ti la lluvia es un íntimo aparato para medir el cambio

moú Abel tel ven Abel en el té

Distribuyes signos astronómicos entre tus tarjetas de visita


1925

sábado, 10 de abril de 2010

Sinfonía en gris mayor, Rubén Darío


SINFONÍA EN GRIS MAYOR


Rubén Darío


El mar como un vasto cristal azogado

Refleja la lámina de un cielo de zinc;

Lejanas bandadas de pájaros manchan

El fondo bruñido de pálido gris.


El sol como un vidrio redondo y opaco

Con paso de enfermo camina al cenit;

El viento marino descansa en la sombra

Teniendo de almohada su negro clarín


Las ondas que mueven su vientre de plomo

Debajo del muelle parecen gemir.

Sentado en un cable, fumando su pipa,

Está un marinero pensando en las playas

De un vago, lejano, brumoso país.


Es viejo ese lobo. Tostaron su cara

Los rayos de fuego del sol del Brasil;

Los recios tifones del mar de la China

Le han visto bebiendo su frasco de gin.


La espuma impregnada de yodo y salitre

Ha tiempo conoce su roja nariz,

Sus crespos cabellos, sus biceps de atleta,

Su gorra de lona, su blusa de dril.


En medio del humo que forma el tabaco

Ve el viejo el lejano, brumoso país,

A donde una tarde caliente y dorada

Tendidas las velas partió el bergantín...


La siesta del trópico. El lobo se aduerme.

Ya todo lo envuelve la gama del gris.

Parece que un suave y enorme esfumino

Del curvo horizonte borrara el confín.


La siesta del trópico. La vieja cigarra

Ensaya su ronca guitarra senil,

Y el grillo preludia un solo monótono

En la única cuerda que está en su violín.


(1891)



Rubén Darío, Prosas Profanas y otros poemas (Librería de la Va. C. Bouret, 1908).